Compartimos el mensaje que nuestro Obispo dio a los fieles que participaron en el Vía Crucis organizado por las parroquias “Inmaculada Concepción” y “Nuestra Señora de Luján”, el día viernes 14 de abril.

“Mis queridos hermanos: estamos terminando nuestro Vía Crucis. Y me parece que, resulta muy clara la contraposición entre nuestra actitud de seguir a Jesús en la cruz, de la actitud que, quizás nosotros también u otros vemos a diario tienen, con la que llamamos comúnmente magia. También en Villa María hay muchas ofertas mágicas, se ven en los avisos: retener amores, solucionar campos, limpiar cosas, conseguir lo que uno quiere pagando algo, y un mago nos da todo lo que queremos y nos evita todos los problemas. Ése no es el método de Jesús. Y por lo tanto sabemos que, todas esas propuestas mágicas son una falsificación de la religión. El demonio es soberbio e imita a Dios, pero lo imita mal, y la imitación del demonio es, precisamente, la magia, que a veces termina entusiasmando momentáneamente y todo concluye en un gran fracaso. Exactamente lo contrario del camino al que Jesús nos invita y que nosotros estamos recorriendo: el de la cruz. La magia quiere solucionarme los problemas desde fuera: yo hago algo, proviene desde fuera y se me solucionan los problemas sin que haya un cambio interior en mí. En cambio el método de Jesús, lo que nos propone es exactamente eso: comenzar desde dentro, y antes que reclamarle a los demás, es cambiar yo. No resulta fácil a nadie, y ésa es precisamente la fuerza de la cruz y de la resurrección: que nos da la capacidad para poder nosotros aceptar nuestras dificultades, para poder también nosotros cargar nuestra cruz. ¿Qué cruces? Todos sabemos, las cotidianas. No necesitamos inventarnos otras cruces: las dificultades del frío, del calor, de la salud, del dinero que no alcanza, de la soledad, de que me abandonaron, de que yo esperaba algo de alguien, un fracaso en un examen o en el trabajo. También de una caída en un pecado que me humilla, me avergüenza, que sin embargo Dios no quiere pero permite. De todo eso yo puedo sacar bienes, y esa es la fórmula de Jesús, esa es la cruz. Y la resurrección es precisamente el triunfo de Cristo sobre el pecado y sobre la muerte. Pero esto implica también aceptar humildemente que todo lo de este mundo pasará, que el objetivo de mi vida no puede ser “sano, rico y famoso”, no. El objetivo de mi vida tiene que ser amar mucho, y amar desde mi situación, quizás de pobreza, de pobreza material o de pobreza espiritual. Es posible con la gracia de Dios. Y eso es lo que hace la Iglesia. La Iglesia se dedica todo el tiempo a esto: a dar las palabras de Jesús, a dar la fuerza de Jesús por los sacramentos, y a mantener unida a la comunidad en la caridad que Cristo nos ganó. No resulta fácil, y precisamente en esta tarea, Cristo nos invita a participar de su cruz. Es decir, que las cruces a los cristianos no nos vienen solamente desde fuera. Nos vienen también de entre nosotros, como pasa en las familias. Cuánto se pulen los matrimonios entre sí por el amor y la paciencia que se tienen que tener en la convivencia. Cuánto se pulen y cuánto crecen los hermanos, aprendiendo a convivir y a compartir, sabiendo que no han de ser hijos únicos, sino que han de saber abrirse a los demás. En esto está la Iglesia, en todo el mundo, y también en Villa María. Este año estamos celebrando los 150 años de Villa María, y también estamos celebrando 60 años de la presencia del Obispado en Villa María. La Iglesia ya está desde los comienzos, antes de que fuera ciudad, desde los primeros pasos de nuestra comunidad ya estaba la presencia de Cristo entre nosotros. Pero hace ya 60 años que Dios nos quiso enriquecer con lo que llamamos también la gracia de ser una Iglesia diocesana, que tiene en sí mismo por medio de un Obispo todos los recursos para dar eficazmente la fuerza de Cristo a los hermanos. Tenemos que aprovechar estas circunstancias, estas circunstancias cívicas de los 150 años, estas circunstancias espirituales, para sanear nuestra vida, y así dar un impulso a nuestra patria. Hay muchos motivos para tener dudas, hay muchos motivos para tener tristezas, y no los voy a discutir y nadie los puede discutir. Lo único que tenemos que decir, ante todos los problemas personales, familiares y nacionales, podemos y debemos decir: el amor de Dios es más grande, el amor de Dios es más fuerte. No sé cómo y cuándo, veremos luz en las dificultades que tenemos. Pero, mis queridos hermanos, les digo con la certeza de la fe: el amor de Dios quiere vencer en tu vida, y lo único que necesita es que le des permiso. Vamos a pedirlo eso a Dios nuestro Señor hoy, y vamos a comprometer nuestra libertad, para recomenzar con sencillez, en la vida de oración, en el cariño familiar, entre los esposos, a los hijos, a los hermanos, en la vida comunitaria con nuestros vecinos, con los compañeros de trabajo, aprendiendo a compartir sanamente, alegremente, los dones que Dios nos ha dado. Esta misma presencia en esta imagen del Cristo redentor que es uno de los emblemas de Villa María, nos habla de que tenemos una tradición de fe grande. Pero todos reconocemos que de una manera u otra necesitamos crecer en la fe. Vamos a decirnos mutuamente: sacudamos la tierra que se nos ha juntado en nuestra alma, sacudámonos mutuamente la pereza, olvidemos las afrentas, olvidemos las cosas que pueden haber, animémonos a mirar para adelante y construir una comunidad, en Villa María, cada vez más fraterna, porque ve en la fuerza del amor de Cristo la renovación de sus vidas. Como ofrenda de todo esto les doy mi bendición, y que la reciban sus familias, sus trabajos, y descienda sobre todas sus necesidades, deseándoles que si a alguien todavía le falta pedir perdón de sus pecados, le queda todavía hasta la pascua el día de mañana. Aprovechen. Los sacerdotes en Villa María (ya lo he comprobado yo también por experiencia propia) son muy buenos, perdonan todo, todo. No importa qué le lleven ustedes, ellos perdonan todo, los comprenden y no le cuentan nada a nadie. Así que, por favor, que nadie se quede sin aprovechar esta oferta hasta el domingo para celebrar la Pascua en plenitud.

[Luego de la bendición] Anticipándonos un poquito, felices pascuas”.

La imagen que acompaña el mensaje ha sido extraída de: www.eldiariocba.com.ar/las-propuestas-magicas-son-una-falsificacion-de-la-religion.