Los días 30 y 31 de mayo se realizaron en la ciudad de Villa María unas Jornadas de encuentro y territorio, organizadas de manera conjunta por la Pastoral Social de la Diócesis de Villa María y la Municipalidad de Villa María.

La segunda jornada comenzó con la reflexión que realizó nuestro Obispo Diocesano, y que compartimos a continuación.

Agradecemos a la Municipalidad de Villa María la imagen que acompaña este artículo. 

Cultura del encuentro y territorio

Apertura

Villa María, 31 de mayo de 2017

Sr. Intendente municipal, autoridades presentes, queridos amigos:

Agradezco a todos aquellos que con sus decisiones y trabajos han hecho posible este encuentro, en el marco de los 150 años de la ciudad y los 60 años de la diócesis de Villa María; especialmente al R.P. Juan Carlos Scannone s.j., quien ha tenido la generosidad de acercarse hasta nosotros para enriquecernos con algo de su extensa producción teológica. Bienvenido, Padre, muchas gracias.

He querido expresar mi beneplácito con una pequeña intervención inicial que no quiero sea solamente formal. Por ello me permito sumar alguna consideración sobre la motivación de estas jornadas: “Cultura del encuentro y territorio”.

El aporte propio de los cristianos al encuentro de los ciudadanos es específico, aunque no exclusivamente, espiritual, sobrenatural: la caridad. Un don que recibimos nosotros de Dios y ofrecemos generosamente a nuestros conciudadanos como fraternidad y amistad, consecuencias de la filiación y amistad divinas recibidas en el bautismo. Esta amistad y fraternidad no nos vinculan sólo con otros individuos sino que nos hacen miembros de una red de vínculos, una familia, una comunidad, un pueblo de Dios al que llamamos Iglesia.

Esta Iglesia que Cristo fundó subsiste en la Iglesia Católica[1] y está presente en todas las legítimas comunidades locales de fieles, unidas a sus pastores[2]. Llamamos a estas comunidades Iglesias particulares, formadas a imagen de la Iglesia Universal.

¿Qué son las Iglesias particulares? Son una porción del pueblo de Dios, cuyo cuidado pastoral se encomienda al Obispo con la cooperación del presbiterio. En ellas, unidas a su pastor y congregadas por él en el Espíritu Santo mediante el Evangelio y la Eucaristía, está presente y actúa la Iglesia de Cristo una, santa, católica y apostólica[3]. En ellas y a partir de ellas existe la Iglesia católica, una y única[4].

Siendo muchas, gracias a la comunión que éstas tienen con la Iglesia de Roma, bajo el pastoreo de su obispo, el Papa[5], no dejan de ser la única Iglesia de Cristo. Pero si son muchas ¿cómo se delimitan unas a otras para que no se perjudique el buen orden y la caridad? Desde siempre ha prevalecido, no exclusivamente, el criterio territorial que la Iglesia asumió de los romanos, incluso en su nombre “diócesis”, que era para ellos una circunscripción, un distrito.

En el Concilio Vaticano II, se atendió a la creciente importancia de la movilidad humana en el mundo moderno y se abrió más ampliamente la posibilidad de que se crearan Iglesias particulares de tipo personales y no ya delimitadas con criterio solamente territorial. Por ello el nuevo código de derecho canónico, inspirado en los criterios conciliares, estableció que “Debe tenerse como regla general que la porción del pueblo de Dios que constituya una diócesis se circunscriba dentro de un territorio determinado, de manera que comprenda a todos los fieles que habiten en él… Sin embargo, cuando ello resulte útil… pueden erigirse dentro de un mismo territorio Iglesias particulares distintas por razón del rito de los fieles o por otra razón semejante”[6]. Siguiendo los mismos criterios conciliares, algo parecido se estableció para las parroquias: “Como regla general, la parroquia será territorial, es decir, comprenderá a todos los fieles de un determinado territorio; sin embargo, donde ello convenga, se constituirán parroquias personales en razón del rito, de la lengua, de la nacionalidad de los fieles, incluso, por otra razón determinada”[7].

Tanta importancia tenía antes el criterio territorial, que algunos autores llegaron a verlo como un elemento constitutivo de la Iglesia particular. Iluminados por la teología conciliar, resulta indudable que no es así. La Iglesia no es un lugar sino un pueblo. Pero qué duda cabe que un pueblo necesita un lugar y que si no lo tiene sufre, que la tierra de sus padres (la patria) es vital para él. Asumir un territorio, sin confundirse con él, es parte de la evangelización de la cultura que la Iglesia siempre tiene como objetivo.

Con todo, cabe la pregunta: sin desdeñar el territorio ¿no sería más eficaz organizarse de manera que cada diócesis estuviese circunscripta por otro criterio donde se salvara mejor la homogeneidad de sus fieles? Como el objetivo de la Iglesia es “la salvación de las almas” no podemos excluir los casos en los cuales a los hombres concretos se llegue con una organización no territorial; pero es la organización territorial de las diócesis y las parroquias la que mejor hará presente una de las notas esenciales de la Iglesia de Cristo: su catolicidad. Sabemos que católico significa universal. La Iglesia de Cristo es católica, es para todos los que creen y aceptan a Jesús y por eso mismo a todos los hombres debemos proponerles esta fe. La Iglesia católica no es la suma de Iglesias particulares o su federación. Cada Iglesia particular, cada diócesis es católica. Para ello ningún criterio delimitador se muestra más apto que el territorial. En el territorio entran los viejos y los jóvenes, las mujeres y los varones, los pobres y los ricos, los rudos y los inteligentes, los pecadores y los santos.

Por todo esto, el territorio es óptimo para el encuentro que Cristo nos propone: el de la caridad, que no excluye afinidades humanas, pero las supera ampliamente llegando hasta el amor al enemigo circunstancial.

Demos gracias a Dios que nos ha regalado este territorio: la ciudad y la diócesis de Villa María. Entusiasmémonos por cultivar aquí esta fraternidad que Cristo nos ha regalado y que el Papa Francisco predica incansablemente.

Muchas gracias.

 

+Samuel Jofré

Obispo de Villa María

[1] Lumen Gentium 8.

[2] Lumen Gentium 13.

[3] CIC 369.

[4] Lumen Gentium 23.

[5] CATIC 834.

[6] CIC 372.

[7] CIC 518.