Con la presencia de 60 sacerdotes de Argentina, Chile y Paraguay, se realizó, desde el lunes 5 al jueves 8 de junio, un Curso de formación llamado “El acompañamiento espiritual y el discernimiento vocacional sacerdotal”, organizado por la Subcomisión de Pastoral Vocacional Sacerdotal, que depende de la Comisión Episcopal de Ministerios de la Conferencia Episcopal Argentina.

Mons. Samuel fue invitado a presidir la Santa Misa del día martes 6. En la homilía recordó que San Norberto, obispo al que la Iglesia recordó en ese día, fue un apóstol de vocaciones, motivando a sus fieles a entregar sus vidas a Dios. En medio de la reforma gregoriana, que quiso recomponer la situación del clero de su tiempo, Norberto no se puso a lamentar. Los que guían la vida de la Iglesia en cada tiempo son los santos, más que los sabios. Él fue un hombre de fe, sensible a la acción de la gracia, algo que no hay método que pueda sustituir.

En la primera lectura (Tb 2,9-14), escuchamos que Tobit no comprende las explicaciones de su esposa, lo que manifiesta que detrás de su implacable justicia aparece la falta de confianza en ella. “No quieras ser demasiado justo”. Esta actitud llevó a su esposa a invitarlo a renegar de Dios. Una actitud de la que tendremos que aprender: hay que creerle a los chicos que hacen discernimiento vocacional, porque es preferible creer y que nos engañen, a sospechar de ellos.

Se pide de quien acompaña a los jóvenes que sean leales, sinceros. ¿Queremos pescar, queremos vocaciones? Sí. Pero debemos hacerlo con lealtad. Si creemos que alguien no tiene vocación, hay que decírselo. Que sepan que no andamos con vueltas. Pero también en ese caso deberemos dosificar la verdad, para que no sea superior a sus fuerzas. Es necesaria la delicadeza, la discreción. No hay que hacer un uso mezquino de lo que nos dicen, sino actuar con moderación.

Jesús también hace así (Mc 12,13-17): no les da criterios tributarios. Hay una necesaria distinción entre política y religión. No hay que decirlo todo, porque es mucho mejor lo que la persona descubre solo. Hay que actuar con prudencia, sin forzar a las almas, sino que es mejor quedar a las puertas. Actuar con respeto, con delicadeza.

La pastoral vocacional demanda laboriosidad, hay que trabajar. Debemos estar dispuestos a atender a los chicos, hay que perder el tiempo con ellos. Por último, hay que rezar por ellos, tener una lista con sus nombres. Rezar y preguntarle a Dios: ¿Tiene vocación?

El Señor nos conceda tener estas virtudes típicas de los santos y los directores espirituales.