El día martes 4 de julio, Mons. Roberto Rodríguez, Obispo emérito de La Rioja, quien fuera Obispo de Villa María entre los años 1998 y 2006, dio una Charla debate en el Centro Cultural Leonardo Favio, actividad organizada por la Pastoral Social diocesana y la Municipalidad de Villa María.

En el marco de esta Conferencia, Monseñor dejó una serie de reflexiones acerca de la educación de la juventud, que compartimos a continuación.

Comenzó su ponencia señalando que su interés era invitar a pensar juntos la educación para los jóvenes. Leyendo un texto de Albert Camus, de su obra El primer hombre, en el que el autor hablaba de cómo Bernard, su maestro de escuela, lograba hacerlos evadir de la pobreza y marginación de sus familias, llevándolos a un hambre aún más esencial, el hambre de descubrir, y de cómo ellos pasaban a ser personas que existían, que eran dignos de descubrir el mundo, el Obispo reflexionaba acerca de cómo este maestro sabía darle a sus alumnos importancia, y que de este modo lograba interesarlos y hacerlos deseosos de aprender.

Seguidamente, hizo un análisis de la realidad juvenil: sus gustos están bien dispersos, y necesitan, buscan, encontrar un sentido a su vida, a lo que son y hacen. Experimentan también la disociación propia de este tiempo entre ciencia y fe. Son jóvenes amantes de la última tecnología, que tienen como parte de su universo el consumo y la diversión.

De este joven hay que procurar la madurez en todo sentido, cultural, humana, afectiva, social, religiosa. Ellos creen en Dios, pero no creen en la institución. Dicen ‘Cristo sí, Iglesia no’. Ellos no hacen depender su vida de fe de la institución, porque, en realidad, la Iglesia fue la que se alejó de los jóvenes. Ellos necesitan reconocer la fe como relación con Dios, que alcanza su plenitud en el cuerpo eclesial. Buscan un modo nuevo de relacionarse con Dios, que vaya unida con la autenticidad de vida. No quieren dejarse utilizar por los otros. Para con ellos, entonces, el intercambio propio del anuncio y del acompañamiento debe ser personalizante: hablarles a ellos, tenerlos en cuenta.

No tienen oposición con la Iglesia, sino que viven alejados de ella. Necesitan ser reconocidos por la Iglesia como personas, ser mirados a los ojos, ayudarles a que surja en ellos la idea.

Hay que querer al educando.Cuando se siente considerado,el educando responde. En este tiempo de tantas carencias afectivas, tienen la necesidad de un maestro, no de un profesor, de quien puedan ser discílos,más que alumnos.

¿Por qué a veces el adolescente no llega a madurar bien? Porque hoy no se quiere envejecer.Si ellosencontraran en el adulto a una persona madura… pero encuentran un chiquilín como ellos. No encuentran una figura madura,por eso no quieren crecer.

Es la experiencia también del trato con los chicos difíciles.Por algo lo son. Cambian cuando se los tiene en cuanta. Cuando Jesús les dice a sus discípulos ‘ámense’, les quiere decir justamente eso: ténganse en cuenta. Den lugar a la confianza, a relacionarse con ellos. El Papa Francisco habla de tres elementos fundamentales de la educación: herida, acompañamiento, misericordia.

Compartió luego la experiencia de la diócesis de Livorno, en la que se deja un lugar en la página Web para que los jóvenes hagan preguntas. El joven necesita ser tenido en cuenta, sentirse parte, pertenecer a la comunidad eclesial, a la comunidad escolar.

Con respecto a las actitudes de los jóvenes, se refirió al problema del Bullying, del que dijo que lo fundamental para poder superarlo es proponer actividades para que los chicos se conozcan entre ellos y descubran sus valores.

Finalmente, sobre la fe de los jóvenes, pidió que el proceso de su encuentro con Cristo no se quede en el recuerdo de su primera comunión, sino que crezca con él.