El día jueves 2 de marzo tuvo lugar la jornada de inicio de año organizada por la Junta de Educación Católica de la diócesis, de la que participaron directivos y representantes legales de 19 institutos de educación diocesanos.

La actividad comenzó a las 9 hs., con una oración guiada por nuestro Obispo Samuel, que luego se dirigió a los presentes rescatando el valor de la tarea de los colegios católicos. Agradeció la presencia de todos y señaló: “este encuentro es un reflejo de lo que somos, que venimos de distintos lugares y hacemos presente a la Iglesia católica donde estamos”. Invitó a acrecentar este vínculo entre las escuelas y la Junta porque “en esta unión se encuentra nuestra fuerza”. En referencia a la labor educativa, nuestro Obispo pidió que las escuelas sean lugares de evangelización y promoción humana, ya que si la escuela evangeliza promueve a la persona, en cambio si la escuela se propone inicialmente alcanzar cierta calidad educativa es posible que se vea postergada la tarea evangelizadora. Continuó sus palabras haciendo referencia a la historia con que cuentan nuestros establecimientos educativos, a los que llamó “milagros de la gracia de Dios y de la generosidad de nuestros predecesores”, los que descubrieron la necesidad y supieron trabajar de manera conjunta. Los invitó a “cuidarnos los unos a los otros”, a cuidar a los chicos, a cuidar a los docentes; a no dejarse llevar por el desánimo y las contrariedades, sino a ocuparse de los problemas sin excesivas preocupaciones. Empleó aquí la imagen del Apóstol Pedro, cuando camina sobre las aguas, siguiendo el mandato de Jesús. “El mar en la Biblia es símbolo del mal. Pedro, con Cristo, pasa sobre el mal y el desorden. Pero comienza a hundirse cuando se fija en la violencia del mar y de las olas. Así nos sucede también a nosotros cuando le prestamos demasiada atención a los problemas y nos olvidamos que la obra es de Dios”.

Posteriormente tuvo la palabra el nuevo Delegado Episcopal para la Educación, el Pbro. Carlos Fillol. En su mensaje señaló que él continúa la labor que han realizado otros sacerdotes acompañando a la Junta de Educación Católica. A partir del último mensaje a las escuelas de Jorge Mario Bergoglio como cardenal en Buenos Aires, el sacerdote se refirió a que la educación procura armonizar al educando de las disonancias oscuras que puedan traer. La misión del docente es “alfarerear” la vida de los chicos, es una tarea artesanal en el acompañamiento de los alumnos. El educador enriquece al alumno para la vida cuando sabe ponerle límites sin anularlo, y abrir horizontes sin dejarlo en la desorientación o el relativismo existencial. Frente a la sensación de que los alumnos ya están “en el horno” (a partir del tango Cambalache: “que allá en el horno nos vamo’ a encontrar”), el actual sucesor de Pedro invitaba a los docentes a proponer ideales y proyectos, a plantearles nuevos objetivos, rescatando de los alumnos el gran “material humano” que poseen.

Teniendo como marco este texto inicial para la reflexión, el Padre Carlos marcó como referencias de este año el 60° aniversario de nuestra diócesis, y el próximo Sínodo de los Obispos, que ya se ha comenzado a preparar. Es también un año donde se comenzará a gestar un próximo Congreso Diocesano de Educación Católica, al cumplirse 10 años del Congreso anterior. Estableció dos preocupaciones para la tarea de las instituciones: la formación de docentes y directivos que tengan una sólida identidad cristiana, que conozcan y asuman qué imagen del hombre se profesa desde la fe; y la integración de las familias a la comunidad educativa, sin “puentearlos”, sino generando ámbitos de escucha y participación de los padres. Es necesario darles lugar, y que ellos se puedan sentir parte activa del colegio. Finalizando sus palabras, invitó a acrecentar el mutuo apoyo entre los directivos y los representantes legales, y a rescatar la historia de la institución, actitud que también ayuda a orientar su futuro.

Luego de las palabras del Delegado Episcopal para la Educación, el Pbro. Agustín Vedelago presentó el Documento preparatorio de la 15° Asamblea de los obispos, que se realizará en octubre próximo, y que tiene como tema a “los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”. El joven sacerdote invitó a los directivos a descubrir cómo las instituciones católicas están llamadas a ser fermento de nuevas vocaciones, en los distintos estados de vida, profesiones, estilos de vida, etc. Remarcó que la pregunta por la vocación surge de la fe, y que la tarea que se propone a los docentes y directivos como acompañantes en este discernimiento vocacional es la de salir al encuentro de los jóvenes, la de ver lo que ellos expresan, buscan, sienten, y la de llamarlos por su nombre, ayudándoles a escuchar la voz de Dios.

Concluido este primer espacio de reflexión, tuvo lugar un breve refrigerio, y posteriormente se trataron diferentes problemáticas específicas de las instituciones.